jueves, 17 de julio de 2014

Una aventura en el tiempo, mucho más que un Expediente X

Llevo varias semanas recluida para terminar mi nuevo relato, que si Dios quiere publicaré con mis compañeros de aventuras literarias dentro de unos meses, y casi se me pasa hablar de un libro del que, dado que el lunes se cumplío el 225 aniversario de la toma de la Bastilla, es de obligada crónica. Se trata de "Una aventura en el tiempo" (Editorial Fábulas de Albión) y realmente no es una novela, si quiera un ensayo; es una investigación que pretende confirmar la experiencia transtemporal de Charlotte Moberly y Eleanor Jourdain, la primera directora del primer colegio universitario de Oxford para mujeres, St. Hugh, y su segunda al mando. El escenario, de ahí mi comentario del principio, París y, el time slip, del 1901 a alguna fecha comprendida entre 1780 y, cómo no, 1789.
 
La 'narración' pretende ratificar a dos voces y varias velocidades que las dos autoras experiementaron un auténtico viaje en el tiempo (real o metafórico/léase una de fantasmas) en su visita al Petit Trianon -palacete que el Rey Luis XVI construyó para María Antonieta en los Jardines de Versalles- y para ello utilizan técnicas de investigación empírica a través de los recursosde la época. A saber, biblitoecas, hemoerotecas, registros de la propiedad, museos del traje...

Cuentan con poco material de base -un mapa de principios del XX que no se corresponde con lo que ven, varios personajes ataviados con indumentaria de siglo y medio atrás de la época y la sombra de la mismísima María Antonieta-, pero les da el suficiente juego, junto con el relato previo de su experiencia, para tirar de muchos y muy diferentes hilos, aportar pruebas irrefutables, y componer una ejemplar hoja de ruta sobre los viajes en el tiempo.

Mis amigas Charlotte Moberly y Eleanor Jourdain
Sí, amigos. Que aquí la gracia no está en lo que cuenta el libro sino cómo lo cuenta y, sobre todo, cuándo lo contó. "Una aventura en el tiempo" fue las pioneras en la materia, a escasos quince años de la publicación del clásico de H.G Wells, y en su estructura descansa la construcción de muchas de las posteriores inclursiones en el género desde la literatura o el cine. Así que si os hacéis con ella y os resulta pesada, ni chistéis; y si tomáis por locas a mis amigas Moberly y Jourdain por intentar verificar lo imposible, cuidadito. Tener las narices de creerse y escribir sobre algo así a principios del siglo XX desde su posición profesional -recordad que eran mujeres- tiene tela, pero atreverse a hacerlo simplemente como experimento-divertimento para ver la reacción del público, es de cum laude. No me extrañaría que estuvieramos ante el primer mockumentary literario del siglo XX... Ahí lo dejo.

Por cierto, entregué antes de ayer el relato que me ha tenido alejada del blog. No puedo dar pistas, pero que lo comente por aquí ya os debería dar una idea de por dónde van los tiros... Os tendré informados.

domingo, 29 de junio de 2014

Los héroes del tiempo o el pasado de Terry Gilliam

No, no voy a hablar de Doce Monos. Años antes de que el más pasado de los Monty Python firmara este gran clásico de los viajes en el tiempo, ya había hecho varios pinitos en corto y uno, a modo secuoya regada con ácido, en el largo.  Me refiero a Los Héroes del Tiempo (Time Bandits), de 1981. Película que bebe del absurdo de los apóstoles de humor británico de los setenta y a la que, además de lo miembros más destacados del grupo -John Cleese, Michael Palin-, se le suma todo el imaginario del Gilliam posterior -Varón Munchaussen y Rey pescador- sin refinar. Ah, y George Harrison en la producción, ojo al dato.

La historia es de traca. Narra las peripecias de un niño al que le sale un grupo de enanos, muy narnianos ellos, del armario de su cuarto y se ve obligado a pregrinar junto a ellos por la Historia y la Mitología robando unas cuantas fruslerías -a saber, la Mona Lisa, el bicornio de Napoleón....- para acabar decidiendo el destino del universo en el Templo de la Oscuridad Total. La naturaleza de los viajes es quizá lo menos original de toda esta locura, son agujeros de gusano con Fx de segunda. Pero Gilliam se cuida mucho de dar una explicación muy a su estilo: El Creador, al construir en solo siete días el mundo, se dejó alguna puertecilla abierta y los enanos, de profesión 'chapuzas del universo', tienen la misión de ir cerrándolas. Pero no lo hacen, porque a ellos lo que les gusta es diseñar árboles y deciden robar el mapa del tiempo para, gracias a él, hacerse con un buen botín.

Los enanos, sus gorros de ladrones trastemporales y el mapa de agujeros de gusano

En realidad, por mucho que me pese de cara a este blog, la trama es una simple excusa para poner en solfa el consumismo atroz -toda las escenas del presente están forradas de plástico— y la obsesión de la tecnología de principios de los ochenta —desde el microondas hasta el robot de cocina, hoy Thermomix—. A falta de paradojas, algo de crítica social, supongo. Aunque he de decir que el responsable de Brazil se acerca a ella con la mejor de las fantasías postmodernas y un humor que, sin llegar a ser The Flying Circus, es digno de tener su sitio entre los clásicos. "¿Conoce usted a los pobres? Permítame que se los presente", le dice Robin Hood /John Cleese, al protagonista; "A Dios no le interesa el silicio", comenta el amo de la Fortaleza de la Oscuridad Total. La aparición estelar de Sean Connery como el rey Agamenón es ya de por sí toda una chufla. "¿Y qué hacías tú en Grecia? -le pregunta uno de los enanos al niño mientras se hunde el Titanic-. Es el país más pobre y que da más quebraderos a  Europa". Ahí lo dejo.



domingo, 22 de junio de 2014

La paga y la ilusión del viaje en el tiempo

Tengo al retortero varios posts, uno de ellos, mi nada halagüeña impresión acerca de "X-Men: Días de Futuro Pasado", que me dejó más fría que un soplido del Hombre de Hielo y que utiliza el viaje en el tiempo como excusa barata para resucitar personajes (ni si quiera es una percha para el reboot). Pero precisamente esa sensación de querer y no poder es la que me lleva a escribir sobre una ingeniosa historia que, de otra manera, quizá no hubiera abordado nunca. Se trata del cómic ciencia ficción La paga, escrito por Philip K. Dick, publicado en 1952 y que fue adaptado al cine en 2003 bajo la batuta de John Woo y con el título de Paycheck.

La pillé por casualidad en La Sexta el viernes y, aunque ya la había visto y me conocía el relato de memoria, me llamó poderosamente la atención en contraste con el fiasco de X-Men. Aquí no nos transportamos a futuro o al pasado, es verdad. Pero a diferencia de la anterior, el movimiento a través de los meses y años, hacia adelante y hacia atrás, es mucho más consistente y lleno de matices. Todo un hallazgo para el subgénero: la ilusión del viaje en el tiempo.

Para ello, Phillip K Dick, nos mete casi literalmente en la piel de Michael Jennings, un ambicioso ingeniero electrónico que trabaja puntualmente para grandes compañías. En ellas, desarrolla proyectos hipersecretos de los que luego no puede recordar nada, borrado de cerebro mediante. La mayoría de las veces son  uno o dos meses los que 'pierde' a cambio de una sustanciosa suma metida en un sobre. Sin embargo, la historia en la que se centra el relato, y también la película, es la de un 'trabajo' que parece más ambicioso; dos años, tras los que el protagonista no recibe una paga, sino un paquete con un par de decenas de objetos aparentemente sin sentido.

Peter Jennings (Ben Affleck) haciéndose un détox de recuerdos en Paycheck
Poco a poco, Jennings descubre cómo cada uno de estos le es de utilidad para escapar de una situación que no controla. El FBI le sigue la pista y sus antiguos compañeros de negocio quieren acabar con él. ¿Quién le había dejado aquello en el sobre? ¿en qué había estado trabajando esos dos años? Las piezas del puzzle comienzan a encajar pronto en el texto de los cincuenta y un poco más tarde en la película de los 2000. El proyecto es la creación de una máquina que predice el futuro y el remitente de los objetos es él mismo, que ha visto su propio destino antes del borrado de cerebro. Algo más tarde descubre, además, que el hecho de la máquina pueda predecir acontecimientos venideros, los termina provocando (plagas, bombas atómicas, lo normal...), con lo que hay que acabar con el artilugio en cuestión.

El protagonista va descubriendo poco a poco el significado de los objetos
No entro en el final de la historia porque, en mi opinión, no está a la altura del concepto ni quiero entrar en terreno spoiler. Pero el hecho de conocer los acontecimientos futuros y que el protagonista intente interferir en su propio libre albedrío desde un pasado que no recuerda para modificarlo y generar una nueva línea temporal es toda una proeza narrativa. Y en ningún momento viaja en el tiempo, solo ve el futuro a través de una ventana. El efecto de la clásica visita del yo del futuro al yo del pasado para proporcionarle una información valiosa para su superviciencia se invierte magistralmente gracias a la falta de recuerdos; es el yo del pasado que se comunica física (y postalmente) con su homólogo del futuro y le ayuda anticipándose a la calamidad, primero universal y luego propia.

Así predicen el futuro los protagonistas de Paycheck (2003)
Analizando detenidamente el engranaje del juego que nos propone el autor, entramos en barrena, sí. La predicción que Jennings hace de sí mismo y cómo va a ir necesitando los objetos es lineal e inalterable. Es decir, que si nos atenemos a la lógica del efecto mariposa, él no puede ver qué va ir necesitando según los va usando porque modifica los acontecimientos. Ya empleado el primer objeto la progresión prevista se alteraría y el resto de su visión sería 'falsa', con lo que la premisa de toda la historia no tiene ningún sentido. Una lástima cuántica, la verdad.

Dicho esto, si tenéis oportunidad de pillar el relato o ver la película tras esta crítica, os lo recomiendo. No tanto que vayáis a ver la última de X Men por el título o por su amago de trama de viajes en el tiempo. Eso sí, si simplemente sois fans la saga (y/o, también de Herr Michael Fassbender), pasaréis muy un buen rato de acción y Fx. Os dejo que voy a mirar el buzón...

viernes, 16 de mayo de 2014

Futurama y los canales malditos de la TDT

No sé vosotros, pero yo sigo indignada con el cierre de los nueve canales de la TDT que se produjo hace diez días. Entiendo lo ocurrido y puedo llegar a comprender la decisión pero, si se indulta a presos por Navidad y Semana Santa, ¿por qué no hay perdón para los buenos contenidos en abierto (y legales, para variar)? Hay muchas plataformas que se han erigido en contra de esta situación y, quién sabe, puede que todavía haya alguna posibilidad... De hecho, desde que se hizo pública la noticia del apagón no dejo de acordarme de lo que ocurrió con Cartoon Network, que chapó en 2007, y que se intentó llevar consigo una de las mejores series de animación occidental, Futurama. Afortunadamente un millonario saudí la rescató produciendo varias temporadas más para la Comedy Central y que aquí podemos ver todavia en abierto en Neox... hasta que nos la chapen también.

Precisamente en Neox pillé hace un par de días el piloto de la serie y constaté que una de las mejores maneras de abordar el sci-fi, especialmente los viajes en el tiempo, es choteándose de todo y de todos. Eso sí, para ello tienes que tener un dominio absoluto de la materia. ¿Cómo si no se les hubiera ocurrido a los guionistas darle la vuelta, literal, a la paradoja del abuelo y convertirse así en referente cada vez que se nombra esta teoría en cualquier estudio serio sobre la materia?



Futurama arranca con una pequeña trampa porque su protagonista, Fry, no viaja en el tiempo, sino que, fruto de un accidente, entra en estado de criogenización del que despertará mil años después. Pero no nos importa —sobre todo cuando sabemos que el accidente en realidad es una maniobra de alguien que se ha trasportado al pasado de verdad—, porque es la excusa perfecta para explorar el futuro según Matt Groening, el creador de The Simpsons, y dibujar deliciosas tramas de veinte minutos salpicadas de homenajes científicos y revisiones de clásicos pasadas de rosca.

Los personajes no tienen desperdicio: Leela, la cíclope de pelo azul; el profesor Zoidberg, el calamar/langosta con arranques de vergüenza ajena; Philip J. Fry, el protagonista, un Marty Mc Fly de los noventa -de ahí el guiño a Michael J. Fox del nombre- y, el mejor, Bender, el robot que necesita alcohol para mantenerse sobrio, que vive en una armario -y su armario es un gran salón- y cuya existencia se basa en el hobby de "matar humanos". Hasta los secundarios enganchan, sobre todo, Mamá, una femme fatale de cuero, empresaria en sus ratos libres, que va por ahí disfrazada como una dulce y tierna abuelita; y el presidente Nixon, o mejor dicho, su cabeza, conservada en formol en una urna.

Todos trabajan como repartidores de la empresa Planet Express, regentada por un científico loco, una excusa perfecta para viajar a planetas y tiempos inexplorados y montarla. De este último aspecto, que es el que realmente nos interesa, os recomiendo que veáis dos grandes capítulos y una de las películas que se produjeron entre el apagón y la resurrección de la serie:

Tiempo y humor

"Todo anda bien en Roswell"(SE03 E19) - Se llevó un Emmy, con eso os digo todo. Cuenta cómo Fry genera un agujero de gusano al ponerse a cocinar palomitas de maíz -sin quitarle el envoltorio metálico- cuando la nave de reparto pasa cerca de una supernova. El túnel transporta a toda la tripulación al 9 de abril de 1947, fecha aproximada al momento en el que el padre de Fry fue concebido. Ya sabéis dónde voy, ¿no? Además de poner en solfa la paradoja del abuelo -Fry asesina a su abuelo pero no ocurre nada porque en realidad no era su abuelo biológico, sino él mismo, que se acuesta con su abuela-, los productores nos reservan maravillosas sorpresas para los breves 20 minutillos del capítulo. Como que Bender, roto en mil pedazos tras el viaje temporal, debe dejar su cabeza escondida y recojerla a su regreso al siglo XXXI -vamos, que su cuerpo en realidad tiene 4 años y su testa mil y pico-. Sublime.

Fry, antes de matar a su abuelo, y chotearse de la paradoja del ídem

"El difunto Fry" (SE06 E07).  Homenaje canalla al clásico de H.G. Wells "La Máquina del Tiempo" en el que Fry, Bender y el profesor dan saltos por el ídem entre el 3010 y el  1000000000, a lo grande, vamos. El universo ha aparecido y desaparecido hasta tres veces y los protagonistas juegan con varios conceptos sobre la fabricación de vehículos espacio tiemporales y luchan para no crear paradojas a golpes, literamente. ¿Que nos topamos con nuestros yos por mor de las realidades alternativas? Pues nos los cargamos y punto.

Los Morlocks según Matt Groening.

"El juego de bender" (2008) Es la primera de las cuatro películas de Futurama, que se preparaba para su vuelta tras el cierre del canal Cartoon Network. Ideada para emitirse en cuatro capítulos, la vi del tirón y me dejó impactadísima porque, de nuevo, hila fino con las paradojas y se ríe de todo y de todos. Como no puede ser menos, el Profesor descubre el secreto de los viajes en el tiempo sin paradoja en forma de código binario en un tatuaje hecho en el culo de uno de los protagonistas y, a partir de ahí, la cosa se desmadra. Bender viaja al futuro y al pasado liándola parda y poniendo en un brete a toda la Humanidad.

Y hasta aquí mi pequeño homenaje a Futurama, deseándola una nueva resurrección. Como la de a esos canales que nos han dejado. En su honor, un trocito de la cabecera; solo oírla, te alegra un poquito el día.


domingo, 20 de abril de 2014

Una cuestión de tiempo

Había leído buenas críticas, pero no me imaginaba que esta película me iba a dejar tan KO. Sí, a primera vista es otra comedia romántica más, con la diferencia -aparente excusa barata- del salto temporal. Sin embargo, va mucho más allá; es un auténtico tratado filosófico sobre la materia y, si existe poesía detrás de los viajes en el tiempo, esta cinta compone sus versos con una métrica perfecta y la más poderosa de las rimas. La que armoniza con la vida.


Una cuestión de tiempo (Richard Curtis, 2013) arranca como el mejor de los relatos del género. Tras una fiesta de fin de año, el padre del protagonista le confiesa el secreto de la familia: todos los varones a partir de los 21 tienen el 'don' de viajar en el tiempo. Al pasado para ser exactos. Y lo hacen de la más sencilla de las formas, metiéndose en un lugar oscuro, apretando los puños y pensando en aquel instante al que quieren ir. Eso sí, tienen que haberlo vivido antes.

Puede parecer una estupidez, pero el quid de la historia no está exactamente en cómo se viaja, tan si quiera en la paradoja como su principal consecuencia. Como dice patriarca de la familia, no hay que preocuparse por el efecto mariposa si tienes algo de cuidado; no vas a poder matar a Hitler ni a acostarte con Helena de Troya. Una cuestión de tiempo es, en realidad, una cuestión de elección.

Y es que, si bien es cierto que durante la primera hora de la película, nuestro protagonista utiliza su facultad para corregir ciertas situaciones supeficiales -para ligar, para ayudar a un amigo...-, según va avanzando la trama, su vida se va volviendo más compleja y los pequeños daños colaterales que pueden surgir sobre la marcha -no conoces a tu chica en un restaurante, tienes que ir a buscarla a un museo-, se hacen cada vez más difíciles, si no imposibles, de salvar. ¿Cuál es el precio a pagar por tener un instante más con ese familiar que ya no está? Si tuvieras que elegir entre la salud de una persona cercana y tu propia línea temporal vital, ¿por cuál opción te decantarías?

En la reflexión sobre la propia existencia está la magia y Curtis, cuya sensibilidad narrativa y musical está más que comprobada con el guión, por ejemplo, de "Cuatro bodas y un funeral" (1994) o la dirección de "Love Actually" (2003) o "Radio Encubierta" (2009), la dosifica magistralmente durante las más de dos horas de metraje con pequeñas y grandes historias de la vida, con unos secundarios brillantes al mejor estilo de la comedia británica y, sobre todo, con un magistral muestrario de (buenos) recursos clásicos de los viajes en el tiempo. Creedme, este último punto sorprende hasta el instantes antes de los títulos de crédito

Entraría en más detalles, pero sería una pena desentrañar una fábula tan bien contada, que no deja de evolucionar y crecer, y que hay que vivirla de principio a fin, bucles incluidos.

jueves, 10 de abril de 2014

Actores que repiten en el tiempo

Hay quien para dormir cuenta borreguitos; yo, anoche, actores que han viajado en el tiempo en sus películas. Y descubrí que hay algunos a los que les gusta más que un tonto un  lápiz y repiten, y no solo una, sino hasta dos veces más, sin contar secuelas... ¿Por qué será? Aquí va el ranking que hice esta madrugada (aviso espoilers):


1. Jake Gyllenhaal, mejor suerte a la próxima
Saltó a la fama con  "Donnie Darko" (Richard Kelly, 2001) donde pasar 28 días, 6 horas, 42 minutos y 12 segundos viendo conejos antropomorfos, el pobre moría aplastado por un motor de avión que viajaba en el tiempo para evitar una paradoja que acabaría con el mundo. Y mejor, porque lo que esconde"Código Fuente" (Duncan Jones 2011), en la que revive una y otra vez un atentado para encontrar una bomba, es un sufrimiento, tronco. Menos mal que consiguió algo de tiempo en "El Principe de Persia" (Mike Newell, 2010) para acabar vivo, entero y con la chica, aunque ésta última no se acordara de él por mor de paradoja.


2. Bruce Willis vs Bruce Willis
A "Doce Monos" (Terry Guilliam, 1995), donde viaja atrás en el tiempo para evitar el comienzo del fin del mundo tal y como lo conocemos, se le sumaron después "The Kid"  (John Turtlelab, 2000), una cinta autoayuda que se pasa por el forro el continuo espacio tiempo, y "Looper" (Old Joe, 2012) que, pese a las expectativas, termina siendo una versión gore de justo la cinta anterior. Os prometo que si en algún momento tengo la oportunidad de charlar con mi yo del pasado no le enseñaría ni a pelear con matones ni a evitar ninguna organización criminal; le advertiría de que no se enganchara a "Como conocí a vuestra madre", que el final tenía tongo.


3. Eric Bana, a pelo
Como muchas de mi quinta, lo descubrí en todo su esplendor con "Troya", pero realmente se ha hecho un hueco en mi corazoncito por ser uno de los viajeros en el tiempo más originales. Bana se ha dado dos garbeos interesantes por este género. El primero, en "Más allá del tiempo" (Robert Schwentke, 2003), donde se nos proponía una idea bastante original; un hombre capaz de viajar en el tiempo como resultado de una alteración genética. Eso sí, no lo controlaba y, el pobre, se trasladaba desnudo. Lo contrario sucedía con su calvísimo Nero, en el reboot de J.J. Abrams de Star Trek, que era el artífice del "Nuevo comienzo" de Spock en 2009.


4. Keanu Reeves, el viajante eterno
No me estoy confundiendo, ya sé que no cuenta viajar entre la realidad y universos virtuales, ni entre la vida y la muerte. Sosoman viajó por el tiempo muchos años antes de "Matrix" y "Constantine", en las dos entregas de Bill & Ted  (1989 y 1991) y en una  pastelosa comedia romántica llamada "La Casa del Lago" (Alejandro Agresti, 2006) que adaptaba un film coreano y en la que se reencontraba, oh cielos, con Sandra Bullock, doce años después de Speed.




5. Christopher Reeves, al pasado por amor
Después de hacer girar la tierra en sentido contrario para retroceder en el tiempo y salvar a su amada Lois en 1978 (el primer contacto que tuve con este género) el mejor "Superman" de todos viajó a principios del siglo XX para enamorar a una jovencísima Jane Saymour en "Algún lugar del tiempo" (Jeannot Szwarc, 1980) en la que es una de las mejores historias de amor con ida y vuelta en el reloj. 
Y mira que lo han intentado...



6. Jim Caviezel, siempre desde la barrera
Ni hacia adelante, ni hacia atrás. No se ha movido nunca de su tiempo, pero Jim Caviezel ha protagonizado ya dos películas con esta temática. "Frequency" (Gregory Hobblit, 2000), y "Déjà Vu"  (Tony Scott, 2006). En el primero conseguía hablar con su difunto padre a través de una radio que conduce su voz cuarenta años atrás y, en el segundo, era el malo malísimo al que le hubiera venido bien que fuera correcta la paradoja del abuelo.





Y aquí me quedé frita. ¿A alguien se le ocurre algun actor más? Mejor, ¿alguna actriz?

viernes, 4 de abril de 2014

Giratiempo, cuatro horas de más con Harry Potter

Creo en el destino, aunque también en el libre albedrío; en que el primero te da opciones y el segundo te permite decidir entre ellas. Y no digo que el destino sea el jefe de programación de La Sexta 3, pero si el domingo pasado pusieron Harry Potter y el prisionero de Azkaban, es que el universo me daba la posibilidad de dejar a un lado la idea que tenía para el post de esta semana -actores que viajan en el tiempo- y adentrarme en el mundo de J.K. Rowling y su limpia visión de la paradoja temporal. ¿Adivináis por cuál me voy a decantar?



Antes de entrar en materia, confesaré que ésta es la aventura que más me gusta de la saga junto con "El cáliz de fuego". Introduce la oscuridad como personaje y ya no la abandona hasta el final. El pasaje del Quidditch bajo la tormenta y la Limbus 2000 haciéndose añicos, es una metáfora terriblemente bella y representa el paso de sus protagonistas de la inocencia de la infancia a la árida realidad de la madurez por un camino que no podrán desandar. Y al igual que en la vida real, es en la tercera entrega de los de Howarts, donde adquirimos con ellos las herramientas que luego nos ayudarán a enfrentarnos a nuestros demonios. Por eso es aquí, no antes ni después, cuando descubrimos a los dementores y aprendemos a conjurar al patronus. El destino nos da las opciones...

La versión para el cine también se adaptó a esta progresión. La sustitución del angelical Chris Columbus por el gran Alfonso Cuarón fue el primero de los aciertos. Había que abandonar el tono amable de las dos primeras entregas y bucear por el lado oculto de la magia, y nadie mejor que él para hacerlo. Les quitó el uniforme a Harry, Ron y Hermione, y les vistió de sport, listos para la batalla. Howarts se transformó. Sobre sus relucientes muros la vegetación creció hasta apoderarse de cada plano, al igual que los dementores de las almas de los protagonistas. Nos hacíamos mayores también a través de la gran pantalla, porque todavía no nos habíamos repuesto del rumor que anunciaba una muerte importante en el quinto libro cuando afrontábamos anticipadamente otra de carne y hueso; la del actor Richard Harris, que ya no se podría volver a poner la capa de Ambus Dumbledore. Sir Michael Gambon, ocupaba su lugar por primera vez para esta película.

Prisioneros del tiempo 

Tanto en novela como en celuloide, el viaje en el tiempo termina adueñándose de la trama, aunque suceda muy, muy al final del relato. Pero ya ha ido dando pistas: "¿Alguien ha visto entrar en clase Hermione?", se pregunta Ron hasta tres veces a lo largo de la historia. Paciencia que todo llega.

Tras varios encatamientos y algún que otro divertimento disfrazado de misterio, Rowling nos encamina al tema, como si fuera otra más de las aventuras de Potter: la ejecución de Buckbeak, el hipogrifo de Hagrid entre una lluvia de piedras;  el descubrimiento de la verdadera identidad Peter Pettigrew; la lucha entre animagos, el rescate del alma de Sirius Black, ante un anonadado Harry, por parte de un espectro que conjura al patronus... Pero hay algo que no encaja, como tampoco la presencia de Hermione en dos clases a la vez. 

En la enfermería donde Ron se repone de un golpe tras la batalla entre animagos, nuestros amigos se lamentan de lo sucedido, pero todo es ya demasiado ¿tarde? No, Dumbledore aparece y le pide a Hermione que recurra al secreto que ha estado guardando todo el curso para asistir a varias clases a la vez: "el giratiempo", que le permite viajar al pasado unas cuantas horas. 

Hermione y Harry antes de desandar cuatro horas con el giratiempo

Y he aquí la magia y la sencillez de Rowling, que en vez de introducir giros estrambóticos o vueltas de tuerca nos lleva a revivir la sucesión de los acontecimientos anteriores desde un segundo punto de vista, coincidiendo nuestros protagonistas consigo mismos horas antes (cuatro exactamente) y recomponiendo un puzzle de solo dos dimensiones con precisión milimétrica: son ellos los que tiran las piedras para evitar la ejecución del hipogrifo y es Harry -del futuro, ahora visto desde el presente- el que salva a Sirius desde el otro lado del lago con el patronus. Incluso en el compás que no intervienen, el que sucede entre la transformación de Pettigrew y la lucha posterior, la escritora lo narra a modo de espera para ser fiel a toda la secuencia. Lástima que no se acordara del giratiempo cuando a partir de la quinta nos empieza a matar personajes...

Bueno, a lo que vamos: sencillo, limpio, sin trucos pese a ser una de magos. A los que nos gusta este género se nos suele ir mucho la cabeza con universos paralelos y paradojas imposibles, pero cuando alguien cuenta un viaje en el tiempo sobre plano, en el que todo está integrado con pocos elementos y sin fisuras disfrutamos más que con cualquier otra construcción. Encima nos lo presenta como un juego, ¿qué más se puede pedir?

Hala, ya está, escrito. ¡Travesura realizada!